Alta Productividad / Bajo Consumo
¿Cuántos emprendedores se necesitan para cambiar una bombita de luz?
305 distribuidos de la siguiente manera:
¿Cuántos emprendedores se necesitan para cambiar una bombita de luz?
305 distribuidos de la siguiente manera:
Compañeros Palermistas: Hoy nos encontramos en un punto de no retorno; las pretendidas retenciones sobre nuestro networking pisan fuerte en los Blogs de ojo crítico. Pero no vamos a dejar que interfieran nuestras señales wi-fi.
Esta es una respuesta espontánea ante los agravios vertidos inescrupulosamente en una reciente entrada del blog intitulado “La peleadora“.
Desde este humilde espacio queremos hacerle saber al mundo que no dejaremos de interconectarnos vía LinkedIn. No vamos a obviar comentar el nuevo té chino que nos tomamos cada tarde en Twitter. No dejaremos de sentirnos CEOs de nuestra propia vida. Seguiremos clonando a mansalva cualquier iniciativa fructífera del extranjero.
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Disclaimer Políticamente Correcto: Es joda, boló.
El “naming” es ni más ni menos la base de toda marca, proyecto, servicio o sitio web. Así como los padres debaten durante meses qué nombre ponerle a su aún nonato, cualquier emprendedor (sólo para seguir saturando el blog con este término) debería prestarle igual o mayor atención a este punto esencial.
Parece un proceso fácil, y quizá esto sea gracias al inconsciente desprestigio que sufrió este eslabón principal en la cadena de creación durante los últimos años, pero es algo más complejo de lo que se cree. Y justamente sobre el naming de proyectos 2.0 quiero hablar hoy.
Estamos desbordados y saturados con nuevos servicios bautizados con neologismos casi impronunciables, abundantes de dobles o triples vocales y consonantes, tan cortos como extraños: Fipy, Fluki, Chipi, Pripo, Tureego, Zaziko, Cakeeta (ejemplos azarosos e inexistentes… o eso creo)
Ahora bien, ¿son esos nombres correctos? ¿Sirven a su función? ¿Identifican correctamente a la marca, al servicio que ofrecen, al público al que está destinado?
Supongamos que un nuevo servicio 2.0 nace en Internet, lo llamaremos “Feepy“. ¿Cuál dirían que es su campo de acción en la web? Nadie podría adivinarlo… Podría ser tanto un servicio de contacto para empresarios como un sitio de entretenimiento para niños de 3 años.
Pero al margen de la ambigüedad sonora y ortográfica del nombre, que en definitiva no deja de ser un detalle del cual ningún neologismo puede escapar, justamente por tratarse de un nuevo vocablo en la lengua (Ni “Fiat” ni “Renault” sugieren tratarse de empresas automotrices), hay puntos mucho más importantes a tener en cuenta a la hora de nombrar a nuestro bebé.
Al estar sumergidos en la Web, muchos pensarán que el ‘boca en boca’ no corre, que nadie se guiará por lo que escucha, sino por el link que tiene frente a su mouse. Si alguien habla de un servicio “Feepy“, es claro que muchos entenderán “Fipi” o cualquier otra cosa, antes que el verdadero nombre. Pero, supongamos entonces que el ‘boca en boca’ realmente no tiene sentido; ¿No están cansados de encontrar links huérfanos por estar mal escritos? Bueno, quizá no sea realmente algo muy habitual en el día a día, pero en una empresa realmente puede hacer diferencia.
Para ser más concreto, veamos ejemplos locales de empresas líderes en servicio de Hosting:
Aún siendo cliente de una de ellas, no me resultará muy difícil ser completamente imparcial en este análisis. Estas son mis críticas, ordenadas por gravedad:
Tengamos en cuenta que estas empresas son mucho más propensas a ser recomendadas y citadas verbalmente entre clientes. Además, están destinadas mayormente a un público nacional o al menos latinoamericano, y los neologismos o palabras de pronunciación extranjera no son buenos compañeros en estos casos.
¿Cómo elegir un buen nombre?
No soy un experto en Naming, y esto sólo pretende ser un compendio de ideas desordenadas que me vienen a la menta al ver nuevos proyectos con nuevos y extraños nombres. Mi opinión no es la verdad absoluta, sino un camino determinado a seguir en este proceso de ‘naming’. Y para demostrar tímidamente mi postura ante todo esto, comparto nombres de “marcas” creadas por mi:
Muchos de los consejos que hoy me atrevo a escribir para compartir con el mundo, los aprendí a la fuerza, como la disponibilidad del .COM confundido muchas veces por el .COM.AR. Y justamente decidí describir mi visión del “naming” al repasar mis proyectos y entender que en el 90% de los casos fui claro, sin necesidad de recurrir a neologismos o palabras extranjeras. Y eso es algo que me parece importante remarcar, en el medio de esta movida emprendedora y Argentina; la lengua tiene poder.
[AKA: Cheques, cheques, cheques, cheques baby]
Intentando no perder la costumbre de tocar temas álgidos de la peor manera posible, hoy apuntaré directamente hacia la concepción errónea que lamentablemente sirve de sostén a muchos de los nuevos StartUps; el inversor ángel.
Planteada la polémica, intentaré explicar por qué si bien no descarto de cuajo la posibilidad de buscar inversores para un proyecto, estos no constituyen de ninguna manera un punto clave para sostener un StartUp.
Internet es por definición el primer y único medio masivo que brinda una virtual igualdad de posibilidades a todo aquel que tenga una idea.
Y ya que un StartUp en internet se conforma básicamente por eso, una idea… ¿Cuál es la verdadera necesidad de contar con un respaldo económico?
Supongamos que hay dos Emprendedores 2.0: Uno es Diseñador y el otro Programador. ¿Qué más necesitan para llevar a cabo lo que tienen planeado en internet?
¿Acaso necesitan fondos para establecerse en una oficina de dudoso futuro comercial? ¿Decorarla con potus exóticos? ¿Encargar 500 remeras y 500 stickers con un sitio que ni siquiera califica como ‘Alpha’?
Seguramente la idea de dedicarse a un proyecto financiado de una sensación ilusoria de seguridad; pero no. Tener un inversor respirando sobre tu nuca no es seguridad de éxito.
Estamos en Internet, mi pequeño Padawan Emprendedor. Una red que nació, creció y se multiplicó gracias a todos aquellos que hacían lo que querían como querían, sin la necesidad de un señor detrás de un escritorio firmando cheques.
Las respuestas a tus más oscuros temores:
Por supuesto que muchos proyectos sustentados con inversiones de terceros tuvieron, tienen y tendrán éxito. Este manifiesto amarillista no pretende de ninguna manera desacreditar la existencia de estos arcángeles. Pero te escribo a vos, Emprendedor: Si tenés una idea y estás buscando un inversor para echarla a andar, repensa la idea.
Un inversor ángel es sencillamente alguien que apuesta en vos una determinada cantidad de capital. Por ende, no hay que ser un iluminado para dilucidar que su principal preocupación es la de recuperar esa inversión. Un Emprendedor no debería chocarse contra ese tipo de limitaciones, un Emprendedor debería pensar primero en su idea y luego en su capital; un Emprendedor es aquel que se desvive porque su idea salga a flote, por ver a su proyecto nacer y crecer, como si se tratara de su propio hijo.
Ojalá el 90% de los lectores de este artículo no estén de acuerdo; porque este blog no pretende ser uno más que debata las novedades de Google, Apple y Microsoft. Tampoco es un blog para tirarnos flores entre los que día a día peleamos por ganarnos un lugar en Internet. Este pretende ser un blog jodido, con ideas -erradas o no-, con un poco de huevo. Un lugar donde se abra el debate desde las entrañas mismas de este circo que es la Web 2.0. (Calate esa, eh)
Ahora, si llegaste hasta acá y no comentás, no sos un Emprendedor, sabelo. (y si me apurás un poco, te digo que si no comentas sos un culiao infelí)
PS: Para el próximo post prometo algo hilarante… … O aburrido.
PS2: Si necesitas plata pedime, boludo… Que yo ya estoy del otro lado…
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Blogs que leo y me parecen interesantes. [También están los que no leo ni me parecen interesantes, pero le dan prestigio al Blogroll]
Desde todos mis perfiles: Emprendedor, estudiante, encantador, psicópata, y hasta en plano contrapicado me tenés.
Porque no todo en la vida es dinero.
A menos que tengas algo mejor en lo que desperdiciar tu tiempo.